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CIENCIA EN LA BASE ANTÁRTICA ARTURO PRAT (2)

Texto y Fotos: Ignacio Acuña.


VIII) Operación Aerofotogramétrica
Los dos helicópteros del Pardo tenían que tomar fotografía aéreas de ciertas islas y canales para corregir los mapas existentes. Desgraciadamente el joven oficial que operaba la cámara Linhoff se había enfermado. El Teniente Aguayo, a cargo de los helicópteros, me ofreció el puesto. Así fue como me vi en el aire admirando la geografía local que durante un año había estado observando sólo a nivel del mar. Trabajamos en paralelo con el otro helicóptero. La otra máquina desplegaba los demarcadores en tierra y nosotros tomábamos la fotografía aérea.

Fotografía n° 8

Fotografía n° 9

Fotografía n° 10

Fotografía n° 11
En la Fotografía 8 se encuentra el Teniente Aguayo realizando mediciones con un telurómetro de alta fecuencia. En la Fotografía 9 se tiene una panorámica de la Base Bernardo O'Higgins. Ellos estaban muy bien equipados debido a que organizaban expediciones terrestres exploratorias. En la Fotografía 10 se observan las famosas rocas "Orejas de Burro" y el canal inglés en las afueras de la Bahía Soberanía. En la Fotografía 11 se observa una de las tantas formaciones de témpanos que deambulan por la bahía.

IX) Sobrevivencia boy scout escultismo sobrevivencia supervivencia camping exploraciones rastreo excursiones turismo
a) El agua potable: cada 2 o 3 semanas teníamos que salir a buscar un bloque de hielo (lo más libre de impurezas posible) para abastecernos de agua potable (Fot 12). En el taller de carpintería construímos un trineo del que nos servíamos para transportar a pulso (Fot 13) el bloque de hielo que extraíamos con barreta y pala. En la cocina, el bloque de hielo se derretía con la temperatura ambiental, la arena se iba al fondo y la piedra pómez flotaba. Con el


Fotografía n° 12

Fotografía n° 13

Fotografía n° 14
colador sacábamos las piedrecillas más grandes. El polvo volcánico simplemente se comía junto con el té y la sopa. No nos causó ningún daño debido a que era una ceniza totalmente inerte
b) El agua de servicio: las instalaciones eléctricas y de plomería fallaban continuamente. El agua de servicio la bombeabamos desde una laguna congelada cercana. Por su cercanía al mar era salobre y pululaba de microorganismos acuáticos rojos. Esta agua al ser calentada y circulada por las cañerías metálicas corroía severamente los tubos, razón por la que teníamos que estar continuamente reemplazando y reparando secciones de cañería.
c) Los gorgojos: en una inspección realizada con el Sargento Enfermero, descubrimos que habíamos estado comiendo alimentos con gorgojos de distintos tipos. No podíamos darnos el lujo de desechar todos nuestros víveres. En todo caso, los gorgojos los consumíamos cocidos (prácticamente esterilizados) y enriquecían nuestra dieta con proteína animal. Al final, "Ojos que no ven, corazón que no siente".
d) Problemas con el frío: nuestra caldera de calefacción no lograba superar los +12° C en el interior de la Base (afuera teníamos alrededor de -40° C). En una ocasión se dañó el revestimiento interior de la caldera. Se reparó, pero había que darle un lento secado antes de encenderla, de modo que estuvimos tres días sin calefacción. Tratamos de calentarnos con estufas eléctrica, pero fueron totalmente inadecuadas. Cuando despertaba por la mañana, veía escarcha en el piso de mi camarote.


Fotografía n° 15

Durante cada ventisca (cada 2 o 3 semanas) los cables metálicos de las antenas de radio se cargaban de hielo (Fot 14). El excesivo peso y los fuertes vientos cortaban los cables. Al caer, los pesados aisladores de loza rompían las planchas metálicas del techo. Pasada la ventisca, toda la dotación tenía que izar un nuevo cable y reparar el techo.

Diariamente había que alimentar y limpiar los animales de corral (ovejas y cerdos). Las ovejas, aunque oriundas de Magallanes también sufrían por el frío (Fot 15)

e) Anomalía térmica del agua: observando la Fotografía 16, podemos hacernos una idea del crudo invierno Antártico. Ni siquiera se salvó el busto del Comandante Arturo Prat, sepultado bajo el hielo. Con los ciclos de intenso frío y posterior descongelamiento observé curiosos fenómenos. Los clavos del techo ascendían lentamente cada vez que el agua circundante se congelaba (al congelarse el agua se expande) y nos dábamos cuenta cuando ya tenían afuera más de medio centímetro.


Fotografía n° 16

Las uniones de las cañerías enroscadas fallaban por la misma razón. La situación más extraña fue cuando vivimos una lluvia de licor. En el entretecho guardábamos diversas botellas encajonadas. Al congelarse el líquido, en su expansión empujó el corcho hacia arriba y el contenido salió para congelarse en un par de segundos quedando como la esperma de una vela. Al descongelarse, comenzó a gotear el licor a través del cielo raso...

f) La situación más peligrosa: En septiembre las focas comenzaron a parir y encontramos un cachorrito de Weddell. El Cabo Canales quedó cautivado con el pequeño e insistió en tocarlo. Se removió los esquíes y corrió tras el cahorrito, con tan mala suerte que pisó un agujero congelado y se hundió hasta el pecho en el agua. Me removí rápidamente los esquíes y rodé hacia él con un bastón de esquí hasta alcanzarlo. Lentamente lo fui arrastrando hasta el hielo grueso. Luego, cargando todo el equipo en mis hombros, le pasé un brazo por el cuello y le obligué a caminar hasta la Base, unos tres kilómetros. Por el camino, exhausto, dejé caer todo el equipo, pero arrastré a Canales hasta la puerta de la Base. Estaba visiblemente adolorido y quemado por el frío. Después de tres días de cuidado, se recuperó. Casi perdimos a un hombre.

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