Los Fármacos y el Principio de Incertidumbre

Según Einstein, nunca tenemos acceso directo a la naturaleza. Lo único que podemos obtener son respuestas acordes con la disposición experimental o con el modo de realizar las preguntas. Por ejemplo, si tenemos un cañón de electrones y utilizamos células fotoeléctricas (detectores de partículas) todas las mediciones avalarán que el electrón es una partícula. Por otro lado, si en lugar de células fotoeléctricas utiizamos redes de difracción (detectores de ondas), todas las mediciones avalarán que el electrón es una onda. En otras palabras, de algún modo la naturaleza se adapta a la disposición experimental. ¿Ocurrirá lo mismo con los Fármacos? ¿La eficacia de un fármaco dependerá de la disposición experimental? La respuesta es un rotundo sí.
Veamos los hechos:
i) El 75% de los tratamientos médicos existentes no ha pasado rigurosas pruebas de eficacia. Por lo tanto, el 75% de los tratamientos médicos existentes podría estar curando por efecto placebo.
Fuente: Ilya Prigogine e Yves Elskens (1987)
¿Si mi mente es capaz de curarme, entonces mi mente también es capaz de enfermarme?


Fuente: Russel Targ y Harold Puthoff (1979).

ii) Existen Fármacos "inútiles" que pueden curar el cáncer:

Nada podría ser más ilustrativo al respecto que un incidente, hoy famoso, que contaba el psicólogo Bruno Klopfer. Klopfer estaba tratando a un hombre llamado Wright de un cáncer avanzado en los nódulos linfáticos. Habían agotado hasta el final todos los tratamientos habituales y parecía que a Wright le quedaba poco tiempo. Tenía el cuello, las axilas, el pecho, el abdomen y la singles llenas de tumores del tamaño de naranjas, y el bazo y el hígado se le habían agrandado tanto que todos los días había que sacarle del pecho casi dos litros de un líquido lechoso.
Pero Wright no quería morir. Se enteró de que había una medicina nueva y asombrosa, llamada Krebiozen, y le pidió a su médico que le dejara intentarlo. El médico se negó al principio porque la medicina sólo se había experimentado en pacientes con una esperanza de vida de tres meses por lo menos. Pero Wright se lo suplicaba tan insistentemente que al final el médico cedió. Le puso una inyección de Krebiozen un viernes, aunque en su fuero interno no esperaba que Wright durase el fin de semana. Luego se fue a casa.
Al lunes siguiente le sorprendió encontrar a Wright levantado de la cama y paseando. Klopfer le contó que sus tumores se habían "derretido como bolas de nieve sobre una estufa caliente" y que tenían la mitad del tamaño original. Era una disminución de tamaño mucho más rápida que la que se podía haber conseguido incluso con la radioterapia más fuerte. Diez días después de la primera inyección de Krebiozen, Wright dejó el hospital y, por lo que podían decir los médicos al menos, se había librado del cáncer. Cuando ingresó al hospital necesitaba una mascarilla de oxígeno para respirar. Cuando salió, estaba lo bastante bien como para volar en su propio avión a doce mil pies de altura sin sentir malestar alguno.
Wright siguió estando bien durante un par de meses, pero entonces empezaron a aparecer artículos afirmando que el Krebiozen no hacía efecto en el cáncer de nódulos del sistema linfático. Wright, que tenía una forma de pensar estrictamente lógica y científica, se deprimió mucho, sufrió una recaída y reingresó en el hospital. Esa vez el médico decidió intentar un experimento. Le dijo a Wright que el Krebiozen era tan eficaz como parecía, pero que algunas de las remesas iniciales de la medicina se habían deteriorado durante el transporte. Le explicó, no obstante, que tenía una nueva versión de la medicina, muy concentrada, y que podía tratarle con ella. Por supuesto que el médico no tenía una versión nueva de la medicina y lo que se proponía era inyectarle a Wright agua pura. Para crear el clima apropiado creó incluso un procedimiento elaborado antes de inyectarle el placebo.
Nuevamente los resultados fueron espectaculares. Las masas tumorales se derritieron, el fluído del pecho desapareció y Wright no tardó en estar otra vez en pie sintiéndose estupéndamente. Estuvo sin síntomas durante otros dos meses, pero entonces la American Medical Association anunció que, en un estudio sobre el Krebiozen realizado en todo el país, se había descubierto que la medicina era totalmente inútil en el tratamiento de cáncer. Aquella vez, la fe de Wright se hizo añicos. El cáncer resurgió otra vez y Wright murió dos días después.
La historia de Wright es una historia trágica, pero tiene un mensaje poderoso: cuando somos lo bastante afortunados como para evitar la incredulidad y utilizar las fuerzas curativas que hay en nuestro interior, podemos hacer que los tumores desaparezcan en una noche.

Fuente: Colin Wilson (2006).

O sea, ¿Nuestra mente es tan poderosa que para que un fármaco funcione conviene primero "engañar" al paciente?
¿No es eso lo que hace un Médico cuando receta un medicamente y estampa su firma, influyendo así en el sistema de creencias del paciente?

iii) Todo el mundo sabe que las anfetaminas estimulan el sistema nervioso central... ¿O no es así?

Fuente: Lyall Watson (1988)

Por lo tanto, aquí hemos probado que en el área Farmacéutica, al igual que en la Mecánica Cuántica, el resultado depende de la disposición experimental.

 

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