PWG - Geofísica y Fractales
Por James Gleick

(...) A mediados de los 70s, Christopher Scholz – profesor de la Universidad de Columbia y especialista en Geomorfología – comenzó a reflexionar sobre los fractales (...) Desde hacía veinte años se sabía que la distribución de los terremotos, intensos y débiles, obedecía a una especie de pauta matemática, la misma precisamente que regía la distribución de las rentas individuales en una economía capitalista. Dicha distribución se observaba en todos los lugares terrestres en que los sismos se registraban y medían. Si se tenía en cuenta cuan irregulares e imprevisibles eran los terremotos, merecía la pena preguntarse qué género de procesos físicos explicaba tal regularidad. O, al menos, así lo creía Scholz. La generalidad de los sismólogos se había contentado con tomar nota del fenómeno sin detenerse en él.
(...) Como contados especialistas en otras disciplinas, en especial científicos que trabajaban en partes sólidas de la naturaleza, Scholz había tratado de averiguar durante varios años qué debía resolver sobre el libro La Geometría Fractal de la Naturaleza, de Benoit Mandelbrot (...) A Scholz le interesaban mucho las superficies, y las superficies llenaban la obra de Mandelbrot (...) Buscó el modo de emplear los fractales para describir, clasificar y medir lo que se ajustaba a sus intereses científicos.
Pronto descubrió que no estaba solo, a pesar de que transcurría bastante tiempo antes de que se multiplicaran las conferencias y los seminarios sobre los fractales. Las ideas unificadoras de la nueva geometría apiñaron a hombres de ciencia convencidos de que sus observaciones eran excéntricas, y de que no había método sistemático para entenderlas. Las visiones intuitivas de la geometría fractal ayudaron a los científicos que investigaban cómo se unían las cosas, cómo se ramificaban o cómo se quebraban. Era un procedimiento para examinar la materia: las caras de los metales microscópicamente dentadas, los agujeros y canales minúsculos de la roca petrolífera porosa y los paisajes fragmentados de una comarca asolada por un terremoto.
En opinión de Scholz, los geofísicos debían describir la superficie terrestre, aquella que, por coincidir con los océanos, forma los litorales. Dentro de la parte superior de la tierra sólida hay superficies de otra clase, superficies de hendiduras. Las fallas y fracturas abundan tanto, que se convierten en clave de toda buena descripción, y son más importantes, en conjunto, que la materia que recorren. Atraviesan la corteza terrestre en tres dimensiones, creando lo que Scholz denominó "la esquizósfera". Gobiernan el paso de fluídos por el terreno: el del agua, el petróleo y el gas natural. Rigen el comportamiento de los terremotos. Por lo tanto, era esencial entender las superficies y Scholz creía que su profesión se hallaba en un callejón sin salida porque nadie sabía cómo hacerlo.
Los geofísicos consideraban las superficies como todo el mundo, a saber, como figuras: tenían que ser planas o poseer una forma especial. Por ejemplo, es posible contemplar la superficie de un escarabajo Volkswagen y dibujar su superficie como una curva, la cual sería fácilmente mensurable del modo euclídeo familiar, ya que se podía adaptar una ecuación a ella. Pero según el punto de vista de Scholz, al hacer esto se estaría viendo la superficie a través de una estrecha banda espectral, lo mismo que si se contemplase el universo por medio de un filtro rojo: se percibiría lo que había en esa particular longitud de onda luminosa, pero no en la de los demás colores, para no mencionar el vasto ámbito de actividades en porciones del espectro correspondiente a las ondas de radio o a la radiación infrarroja. Siguiendo con la analogía, el espectro equivale a la escala. Pensar en la superficie de un Volkswagen como una figura euclídea era concebirla únicamente a la escala de un observador apostado a diez metros del coche. ¿Y si estuviera a un kilómetro, o a cien de distancia? ¿Y si se hallase a un milímetro o a una micra de él?
Supóngase que se traza la superficie terrestre vista desde el espacio, a una distancia de un centenar de kilómetros. La línea sube y baja por los árboles, montes, edificios y – aparcado en algún lugar – un Volkswagen. A esa escala, la superficie no es sino un bulto entre muchos bultos, una pizca de acaso.
O supóngase que se examina el Volkswagen de manera cada vez más contigua, primero con una lupa y después con un microscopio. Al pronto, la superficie parecerá hacerse más lisa, porque la redondez de los parachoques y de la capota desaparecen de los ojos. Más la superficie microscópica del acero presenta abultamientos caprichosos. Parece caótica.
Scholz comprobó que la geometría fractal suministraba un procedimiento eficacísimo para describir la redondez entrecortada de la superficie de la Tierra; y los metalúrgicos pudieron certificar lo mismo en lo referente a las diferentes clases de acero. La dimensión fractal de la superficie, por ejemplo, suele proporcionar información sobre la calidad del metal. Y la de la terrestre, indicaciones geomecánicas importantes. Scholz recordó una formación geológica clásica: un talud en la ladera de un monte. A cierta distancia es una figura euclídea de dos dimensiones. El geólogo, a medida que se aproxima a ella, nota que anda en el talud más que sobre el talud, pues éste se ha convertido en peñas del tamaño de automóviles. La dimensión efectiva del talud es 2.7, puesto que las superficies rocosas se encorvan y rodean, y casi llenan el espacio tridimensional, como lo hace una esponja.
Las descripciones fractales encontraron aplicación inmediata en problemas relacionados con las propiedades de superficies que están en contacto (...) Una consecuencia sencilla pero poderosa, es que cuando dos superficies físicas se hallan en contacto, no se tocan en todas sus partes. La condición de existencia de protuberancias en todas las escalas lo impide. Hasta en una roca sometida a presiones colosales, resulta claro que a pequeña escala hay grietas, lo cual permite la circulación de fluídos. Por ello, dos trozos de una taza rota jamás pueden volver a estar verdaderamente unidos, aunque parezcan encajar a gran escala. A pequeña escala, las protuberancias irregulares jamás coincidirán.
Scholz pasó a ser conocido en su especialidad como una de las personas que aceptaba las técnicas fractales. Sabía que varios colegas suyos consideraban parias a los integrantes de su equipo. Si escribía el vocablo fractal en el título de un paper, sentía que le miraban como si siguiera admirablemente la moda, o como si estuviera – no tan admirablemente – chiflado. (...) "La geometría fractal es un modelo único. Nos permite hacer frente a las dimensiones mutables de la Tierra", explicó. "Proporciona instrumentos matemáticos y geométricos para describir y predecir. Una vez que se llega a comprender el paradigma, se consigue medir bien las cosas y pensar en ellas de manera nueva. Se ven de modo distinto. Se consigue una visión desconocida. No es, en absoluto, la visión antigua, sino una mucho más amplia".

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