EL
GEOQUÍMICO EN EL CAMPO
Por Alexandr Fersman
INTRODUCCION
El
capítulo presente consta de dos partes. En la primera se expone una serie
de consejos prácticos para el geoquímico que se dedica a la exploración
de yacimientos útiles y al estudio geoquímico de una región
determinada. En la segunda, se enumeran de forma breve los métodos fundamentales
de trabajo en el orden en que deben ser realizados por el geoquímico durante
su labor de investigación en el terreno.
Ambas están basadas
en una regla bien estudiada y asimilada por los investigadores en estos últimos
tiempos: el trabajo científico en el terreno se compone en general de tres
etapas, a saber:
1) Etapa preparatoria
2) Realización práctica
de la investigación
3) Traslado y elaboración ulterior de los
materiales recogidos.
No
cabe ninguna duda de que estas tres etapas son igualmente importantes y cada una
debe ser estudiada y meditada con atención especial.
"Viaja bien
quien mucho sabe y reflexiona" -dijo cierto explorador científico;
otro añadió con mucha justicia, que la herramienta más aguda
e importante de la que dispone el explorador científico es su vista, de
cuya atención y penetración no deben escapar los fenómenos
y detalles más insignificantes, ya que de ellos se deducen con frecuencia
grandes y fundamentales conclusiones.
PARTE PRIMERA
1.
EL EQUIPO
La elección correcta y bien calculada del equipo es una cuestión
importantísima para el geoquímico, pues, además del instrumental
geológico corriente, debe tomar consigo varios aparatos e instrumentos
complementarios para las investigaciones de carácter químico y físico.
En
primer lugar hay que tener en cuenta los medios de transporte de que dispone la
región dada, y, con arreglo a ello, analizar escrupulosamente el peso y
las dimensiones convenientes del equipo al elaborar el plan de la expedición.
No debemos olvidar que un equipo incompleto es peligroso para la expedición.
Sin embargo, en muchos casos tampoco es deseable un exceso del mismo que
puede
en el futuro dificultar el desplazamiento y movilidad de la expedición
y crear impedimentos que la obliguen a retrasarse e, incluso, la priven de la
posibilidad de alcanzar ciertos sectores de difícil acceso.
El equipo
general de cualquier explorador geológico debe contar principalmente de
martillos de diversos tipos y dimensiones. Para las rocas de sedimentación
y blandas es preciso que el martillo reúna al mismo tiempo condiciones
de martillo y de pico ligero: su mango debe tener unos 40 centímetros de
longitud y estar encajado de modo que en las manos quede la parte delgada y que
el extremo ancho no permita al martillo salirse al golpear. Para las rocas duras
se necesitan martillos más pesados (de 1 a 2 kg) con mangos de unos 70
centímetros de longitud. El mango debe ir graduado en centímetros
para tener siempre a mano una escala exacta de medición.
Para grandes
trabajos hay que disponer, además, de un mazo pesado, hasta de 5 kg de
peso, así como de un pequeño martillito de peso ligero y mango corto,
de 20 o 30 cm para arrancar trozos pequeños o para dar a los ejemplares
la forma determinada que se desee.
Además del martillo, hay que contar con un juego de cinceles de formas y dimensiones variadas. En el equipo debe haber también: cristal de aumento (lupa de amplificación no superior a 8), brújula, cinta métrica, cuchillo (cortaplumas), libreta de notas, lápiz, etiquetas preparadas y numeradas especialmente de dimensiones 6x4 cm., gran cantidad de papel de envolver y embalar, varios tarros de vidrio para guardar los cristales y los ejemplares delicados y valiosos, cajas sólidas y fuertes de distintos tamaños; para los cuerpos terrosos y de estructura poco consistente es importante llevar varias bolsas de lona numeradas de diferentes tamaños.
Aparte
del equipo indicado es imprescindible un aparato fotográfico ligero, un
barómetro aneroide y un completo de lápices de colores para el diseño
de esquemas geológicos y geoquímicos.
Siempre es conveniente
llevar consigo pequeños frascos con ácidos de distinta
concentración,
carbón vegetal de buena calidad, un alambre de platino, sosa y
bórax.
Para trabajos de carácter más permanente, este equipo debe completarse
con una serie de instrumentos especiales.
Una operación a la que hay
que prestar mucho cuidado es el empaquetamiento y distribución del equipo.
Parte debe embalarse en sacos fuertes impermeables a la humedad, adaptados para
llevarlos en la espalda (mochilas); otra parte debe embalarse en cajones apropiados
a los medios de transporte existentes en la región dada. Esta cuestión
requiere gran experiencia y máximo de
atención para no incurrir
en graves errores.
2.
EMPAQUETAMIENTO DE LOS MATERIALES ESCOGIDOS
El empaquetamiento y transporte
de los materiales mineralógicos hallados constituye una tarea seria y complicada
a la que hay que dedicar la mayor atención.
El empaquetamiento hay que
hacerlo con todo cuidado y envolver cada ejemplar en papel aparte con su etiqueta
correspondiente. Debe tomarse como regla general el no envolver en un mismo papel
varios ejemplares juntos por pequeños que estos sean, sino siempre empaquetar
cada ejemplar por separado. ¡Cuántas colecciones magníficas
se perdieron por culpa de un embalaje imperfecto, sobre todo, los ejemplares de
minerales blandos! Por esto, es necesario previamente seleccionar los minerales,
separando los duros de los blandos, y empaquetarlos aparte. Cada ejemplar debe
ir envuelto en 2 o 3 hojas de papel, pero en ningún caso deberán
colocarse estas hojas juntas de antemano. La etiqueta de cada muestra, doblada
en dos, se coloca, no directamente en contacto con el mineral, sino entre la primera
y segunda hoja. Para escribir en las etiquetas se emplea lápiz corriente
(de grafito), en ningún caso hacerlo con lápiz tinta.
Los
cristalitos aciculares frágiles y delicados deben envolverse primero en
papel de seda y algodón y sólo después en una hoja grande
de papel.
El empaquetamiento de los materiales reunidos por la expedición
transcurre por una serie de fases a las que hay que prestar especial atención.
La primera consiste en recoger y trasladar los ejemplares al campamento. Durante
mis cincuenta años de actividad en este sentido, elaboré el siguiente
método práctico. Durante la recolección de materiales mineralógicos
y geoquímicos, todos los ejemplares hallados por cada grupo de la expedición
se trasladan a un lugar cualquiera (por lo general, cerca del punto de estacionamiento
provisional) en cantidad bastante mayor de la requerida.
Al terminar la jornada
de trabajo, por la tarde, se selecciona todo el material reunido, se eligen los
ejemplares mejores y más típicos, se les da forma, y se colocan
con mucho cuidado en la mochila. Una vez en el campamento, se colocan los ejemplares
en lugar seguro y seco.
Al cabo de determinado período de tiempo se
examinan de nuevo, se seleccionan definitivamente, y se les prepara, envolviéndolos
en papeles, para su embalaje posterior en sólidos cajones, de forma que
el peso total de cada cajón no exceda de 50 kilogramos. No es recomendable
utilizar grandes cajas de embalaje porque se rozan y desgastan las piedras, además,
durante la carga, descarga y transporte los cajones muy pesados pueden deteriorarse.
Los materiales deben ser enviados directamente por la propia expedición.
Dejar ejemplares al cuidado de la población local suele traer funestas
consecuencias y las colecciones o llegan siempre con gran retraso a su destino
o en muchos casos, se pierden.
Una vez recibidos los cajones con materiales,
hay que seleccionar escrupulosamente todos los ejemplares y colocarlos, con sus
etiquetas, en cajas convenientes. La confusión de las etiquetas causa daños
irreparables y, frecuentemente, conduce a conclusiones erróneas y peligrosas.
La
primera cuestión que se plantea ante el geoquímico durante su trabajo
de recolección es ¿De qué forma y en qué cantidad
tomar los minerales? A esta pregunta es difícil contestar, pues una selección
correcta del material mineralógico se asegura sólo a base de larga
experiencia y gran conocimiento de la naturaleza. Indudablemente hay que poseer
cierto instinto artístico para que el ejemplar elegido responda por su
forma y color a las características del mineral en cuestión. Por
esto, a ciertos ejemplares no se les puede dar una forma determinada, para otros,
por el contrario, son deseables dimensiones y configuración definidas,
por ejemplo, 9x12 o 6x9 cm2.
3. SELECCION DE
MATERIALES EN LAS EXPLORACIONES GEOQUÍMICAS
La exploración y
el propio método geoquímico de investigación requieren una
selección especial de los materiales hallados. Por cuanto que el trabajo
ulterior del geoquímico está ligado con investigaciones de carácter
mineralógico, químico, espectroscópico y roentgenológico,
la selección de materiales supone una tarea de gran responsabilidad, pues,
de la calidad y justeza con que se efectúe depende en alto grado el éxito
del análisis geoquímico.
¿Cómo
debe realizarse esta recolección?
* En primer lugar hay que reunir una
cantidad suficientemente grande de material, no sólo para las investigaciones
ópticas, sino también para las determinaciones químicas,
teniendo en cuenta que para realizar un análisis químico detallado,
con frecuencia es preciso enriquecer la muestra objeto de estudio, liberándola
de otros minerales ajenos y complementarios. Por ello se necesitan decenas de
kilogramos de ejemplares de las rucas y compuestos minerales más característicos.
*
Para las investigaciones mineralógicas también se requiere reunir
minerales aislados. Esto es necesario para poder establecer el orden de sucesión
en que se verificó la formación de los minerales, así como
para seleccionar ejemplares buenos y puros de los minerales principales destinados
al análisis.
* Es preciso reunir material no sólo para las investigaciones
de laboratorio, sino también para la conservación de ejemplares
típicos de museo. Esta tarea es importante no sólo para fines de
carácter puramente expositivo: los ejemplares grandes y típicos
permiten comparar estos minerales con otros ejemplares de estos mismos minerales,
pero procedentes de otros yacimientos.

El análisis comparativo es uno de los métodos de investigación del naturalista. El investigador geoquímico no debe cometerlos errores de la antigua escuela mineralógica, debe dedicar muy seria atención a todo indicio, por pequeño que sea, de cualquier elemento químico. Incluso las partículas más insignificantes, productos de la erosión por el aire y las aguas, deben ser recogidas y estudiadas escrupulosamente. En general, como regla directriz, hay que recomendar a todos los exploradores geoquímicos que recojan y lleven consigo todo el material posible, cuanto más mejor. Es preferible tirar después lo que sobre a no llegar a reunir todo el material correspondiente al complejo de minerales y elementos químicos de la región objeto de estudio.
Al efectuar los trabajos de recolección de minerales no hay que tranquilizarse con la idea de que regresando otra vez a este lugar se recogerá nuevo material complementario. Estas esperanzas no siempre se realizan y, con frecuencia, se obtiene una colección incompleta, casual y en muchos casos, de poco valor.
4. ANOTACION DE
LAS OBSERVACIONES
La anotación de las observaciones, durante el trabajo
directo sobre el terreno, es una cuestión muy importante y seria. Cierto
hombre de ciencia dijo, con perfecta justeza, que el viajero e investigador debe
llevar siempre el lápiz colgado del cuello con una cuerda; cuanto más
a mano se halle el lápiz, tanto más frecuentes serán las
anotaciones. Estas pueden realizarse de dos maneras. Ante todo, en la etiqueta
adjunta a cada ejemplar hay que apuntar no sólo las indicaciones exactas
del lugar y fecha en que fue recogido el ejemplar, sino también las condiciones
en que fue efectuado el hallazgo. Cuanto más precisas sean las anotaciones,
tanto más fácil será utilizar el material recogido.
Sin
embargo, el registro principal se hace en el diario de observaciones, que debe
ser objeto de atención constante par parte del investigador. El éxito
de muchas investigaciones depende en gran parte de la escrupulosidad, meditación
y plenitud con que se hagan las observaciones diarias. Las anotaciones deber hacerse
primeramente en el lugar de trabajo, abarcando todas las observaciones hechas
en dicho lugar y apuntando también las ideas que acuden a la mente. Al
finalizar el día debe hacerse un resumen de todo el material, llevando
al diario todo lo que se ha hecho durante este tiempo. Es de gran importancia
incluir dibujos esquemáticos, hechos a mano, de los lugares donde se realizó
el trabajo y donde fueron hallados los diferentes ejemplares.
La plenitud y
exactitud de las anotaciones en el diario son, en general, la mejor muestra del
trabajo, y una de las más grandes faltas que pueden cometer los investigadores
en su trabajo práctico consiste en confiar en su memoria. Añadir
de memoria datos suplementarios en el diario o en las etiquetas conduce a conclusiones
erróneas.
Es necesario subrayar, que llevar bien el diario de observaciones
es tarea francamente difícil. De ordinario cl registro de las anotaciones
se hace sólo por las tardes, al terminar el fatigoso trabajo del día,
cuando el explorador está ya cansado y ansía descansar.
A
veces es precisa gran fuerza de voluntad para dedicar aunque sólo sea 15
minutos a apuntar las observaciones hechas durante el día. Con frecuencia
se comienza a abandonar el diario a causa de la fatiga (a mí mismo me ocurrió
esto en varias ocasiones). Entonces es preferible hacer un día de descanso
y dedicar unas horas a poner con tranquilidad todo el material en orden.
Los
libros con las anotaciones deben conservarse cuidadosamente; no entregarlos a
nadie ni durante el trabajo ni después de éste, ya que constituyen
el documento fundamental que debe llevarse siempre consigo junto con otros documentos
importantes de la expedición.
Después de regresar de la expedición
y de comprobar y poner en orden la colección, comienza la segunda fase,
o sea, hacer el resumen de los trabajos realizados. A este momento le concedo
una gran importancia y lo coloco, en muchos aspectos, por encima del resumen definitivo,
ya que aquél contiene habitualmente las observaciones directas hechas sobre
el terreno y por esto mismo adquiere un valor no siempre inherente al resumen
definitivo elaborado con gran detalle, en el que influyen la literatura leída,
la opinión de otros investigadores y muchas otras circunstancias accesorias.
El
resumen escrito bajo la primera impresión del propio viaje, es con frecuencia
mucho más correcto y profundo, desde el punto de vista del planteamiento
de los propios problemas, que el informe posterior premeditado y rehecho.
EL
GEOQUÍMICO EN EL CAMPO - 2º PARTE
METODOS Y ORDEN EN QUE DEBEN
REALIZARSE LOS TRABAJOS
Antes de partir la expedición, el geoquímico
debe realizar varios trabajos preliminares además de la preparación
del equipo, del que ya hemos hablado antes.
Estos trabajos preliminares consisten
en lo siguiente:
Primeramente es necesario ponerse al corriente de la literatura
existente sobre la región y la cuestión cuyo estudio se proyecta.
Si la tarea consiste en la búsqueda de un elemento químico determinado,
entonces hay que estudiar con todo detalle sus propiedades químicas y sus
combinaciones.
En todos los casos, el investigador debe además hacer
conocimiento en los museos con los minerales característicos del elemento
objeto de la investigación. Es especialmente importante conseguir, con
la debida antelación, mapas topográficos y geológicos detallados
o sus copias, con objeto de marcar en ellos con lápiz de color la ruta
seguida durante la excursión y los lugares donde sean hallados los minerales
más interesantes.
Antes de partir es también preciso hacer conocimiento
detallado con todos los métodos prácticos de investigación
del terreno y saber con precisión no sólo utilizar correctamente
los instrumentos que se lleven consigo, sino también poder repararlos en
caso de necesidad.
La segunda etapa de trabajo comienza al llegar el investigador
al lugar de destino. Una vez allí, debe averiguar en las instituciones
científicas, museos, bibliotecas y escuelas de la localidad todos los datos
que se conozcan sobre la región dada. Es necesario reunir la mayor cantidad
posible de datos, preguntando a la población local, sobre los lugares donde
se extraen minerales y donde existan afloramientos naturales. En ciertos casos
es muy conveniente analizar las denominaciones geográficas que, con frecuencia,
nos orientan sobre la existencia en dicho lugar de minas y puntos de extracción
de minerales. Por ejemplo, en Asia Central la palabra kan nos habla de minas;
kumish, de plata; kalba, de estaño o bronce, etc. Si en algún sitio
se edifican casas o se pavimentan calles hay que preguntar de dónde son
traídos los materiales; averiguar dónde se construyen nuevas carreteras,
puentes o líneas férreas. Hay que interesarse por saber dónde
se instalan los pozos, de dónde traen la arcilla para los hornos, la cal
y las pinturas para las casas.
Con frecuencia, la población local recuerda
los trabajos efectuados por otras expediciones en dicha región; muchos
antiguos habitantes conocen muy bien la comarca y saben las clases de minerales
que si, encuentran en una a otra región. Es muy importante indagar la existencia
de antiguas excavaciones, escombreras de minerales y escorias. restos de hornos
de fundición, etc.
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Naturalmente,
el material más abundante para obtener un conocimiento preliminar del carácter
mineralógico y geoquímico de la región, nos lo ofrecen, más
que los afloramientos naturales, las escombreras que se hallan junto a los yacimientos
y explotaciones mineras, las cuales proporcionan al mineralogista y geoquímico
un material de investigación utilísimo y, además, completamente
reciente. En los yacimientos mineros se acumulan enormes cantidades de las substancias
que acompañan a los minerales y, por ello, en las escombreras puede reunirse
material muy interesante si en el transcurso de muchos días se investiga
minuciosamente los ejemplares extraídos y se identifican a la luz del día
los minerales que constituyen los ejemplares recién extraídos. Las
escombreras y los montones de minerales y piedras extraídas dan, en general,
al mineralogista y el geoquímico datos mucho más valiosos que las
propias excavaciones subterráneas, pues en el fondo de las minas, en los
tajos, es difícil realizar observaciones precisas.
En las excavaciones
a cielo abierto y en las minas es muy útil conversar con los mineros, preguntarles
sobre los ejemplares interesantes que encuentran durante su trabajo y pedirles
que separen y coloquen aparte todo lo que les llame la atención. Se puede
y debe interesar a la población local, ponerla al corriente de nuestro
trabajo, hablarles de los minerales útiles que pueden hallarse. La creación
de un determinado estado de ánimo por parte de la población local,
conquistar su simpatía y conseguir su cooperación, es uno de los
factores primordiales para el éxito de los trabajos de exploración.
La población comienza a interesarse, incluso los niños traen del
río ejemplares de piedras y cantos rodados. Hay que decir que con frecuencia
los descubrimientos más grandes de nuevos yacimientos los realiza la propia
población, los aficionados de la localidad.
En cada afloramiento, cantera,
excavación y mina hay que procurar recoger ejemplares de todos los cuerpos
minerales distintos que allí existan, prestando atención, lo mismo
a las acumulaciones grandes que a las huellas insignificantes que muestren la
existencia de unos u otros procesos geoquímicos.
Naturalmente, la recolección
de materiales debe ir acompañada de la observación de la estratificación
de los minerales en las formaciones rocosas, determinación de sus proporciones
mutuas, su antigüedad, etc. El conocimiento primario y general de la región
dada permite al investigador orientarse correctamente y elegir con acierto el
proceso geoquímico más adecuado a seguir en sus trabajos de exploración.
A estas tareas de carácter puramente científico e investigativo
está dedicada la exposición que sigue a continuación.
El
geólogo y el petrógrafo comienzan su trabajo en el campo estudiando
la situación geológica general, la tectónica y las relaciones
mutuas existentes entre las rocas. Para este fin, de ordinario, es preciso primero
abarcar un amplio territorio y después iniciar el estudio detallado del
sector concreto dado.
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La
labor del geoquímico transcurre, por lo general, de otra forma. Su trabajo
debe comenzar por el material concreto, es decir, el propio yacimiento. Una vez
conocido el esquema geológico general de la región, debe comenzar
su investigación en los montones de minerales extraídos y en las
escombreras de rocas laterales. Este modo de proceder muestra de forma muy notoria
la diferencia entre los métodos de trabajo que emplean los geólogos
y los geoquímicos durante sus expediciones o excursiones. Al llegar a un
yacimiento cualquiera, el geólogo se dirige inmediatamente a las galerías
o a los pozos de las minas con objeto de examinar los tajos y observar los afloramientos
de rocas aisladas, las denudaciones naturales, etc.
El geoquímico y
el mineralogista, por el contrario, se dirigen en primer orden a los montones
y escombreras.
Al tajo deben ir sólo cuando su vista se acostumbra a
distinguir a la luz natural unos minerales de otros, puesto que la identificación
de las diferentes especies minerales con la luz artificial que ilumina los tajos,
es una tarea muy difícil y posible de realizar después de mucha
práctica y larga experiencia.
Sólo después de estudiar
con todo detalle los minerales en los montones y escombreras, el geoquímico
está en condiciones de afrontar problemas genéticos y geoquímicos
más amplios, dedicando su trabajo al estudio de los afloramientos naturales
y a la investigación minuciosa de los propios tajos y de los diseños
que se posean.
De lo dicho se comprende con completa claridad el por qué
el mineralogista y el geoquímico, al llegar a una mina, se dirigen ordinariamente,
incluso no a los
montones de minerales, sino a las escombreras de rocas laterales.
Yo
mismo advertí en diversas ocasiones la expresión de extrañeza
e, incluso, de desagrado, por parte del personal técnico a ingeniero de
la localidad, cuando, al llegar al yacimiento, no me dirigía a los pozos
de las minas, sino que marchaba inmediatamente a las escombreras. No debemos olvidar
que descifrar los problemas más complicados referentes a los yacimientos
y la comprensión correcta de su génesis, se consigue sólo
a base de estudiar minuciosamente todos los complejos minerales que son objeto
de observación, sus relaciones mutuas, su enlace con las rocas laterales,
etc.
De esta forma se marca el siguiente orden de sucesión en la labor
a realizar por el geoquímico durante la primera recolección de materiales
científicos. Primero, examen detallado de las escombreras; después,
de los montones de minerales; luego, de los tajos en las excavaciones a cielo
abierto y de los afloramientos; y, solamente después de todo esto, pasar
al examen de las
excavaciones subterráneas y al estudio de las relaciones
existentes entre los minerales en los tajos subterráneos recientes.
Como
ya dijimos antes, la recolección de materiales debe ir acompañada,
por lo que respecta al geoquímico, de un constante análisis de todas
las relaciones mineralógicas y geoquímicas y por eso es necesario
que agudice su atención para la confrontación de todas las observaciones
realizadas. Recuerdo que mi teoría sobre el enlace existente entre los
procesos pegmatíticos y la formación de piedras preciosas en las
"Minas de esmeraldas", no encontró durante mucho tiempo apoyo,
hasta que por fin varios cristales diminutos de columbita nos confirmaron que
efectivamente se trataba de pegmatitas graníticas típicas.
Meditando
todas sus observaciones, el geoquímico debe concebir las relaciones que
ligan entre sí a minerales aislados, reconstruir con su mente las condiciones
que les dieron origen, basándose en su propia experiencia, hacer un análisis
comparativo de todos los resultados obtenidos y, de esta manera, llegar a la hipótesis
de trabajo sobre la génesis del yacimiento dado. La concepción de
semejante hipótesis es muy necesaria para el trabajo ulterior de busca
y exploración, pero no hay que olvidar que la hipótesis de trabajo
no debe ofuscar la imagen de los propios hechos; si los hechos se contraponen
a la hipótesis, hay que desecharla. Durante el trabajo se requiere una
autocrítica y autoanálisis muy profundos, y el éxito de la
investigación reside precisamente en saber construir y deducir, a base
de hechos poco notorios, casi imperceptibles, las conclusiones que puedan enlazar
todos los fenómenos entre sí e indicarlos que todavía no
son conocidos.
Cualquier hipótesis de trabajo es correcta sólo
cuando ella nos muestra nuevos caminos.
Trato conscientemente de agudizar la
atención del lector en esta cuestión, ya que con gran frecuencia
los que se dedican a investigaciones en el terreno, se resisten a renunciar a
su primera hipótesis de trabajo, incluso, cuando la aparición de
nuevos hechos comienza a contradecirla de modo decisivo.
Al mismo tiempo, hay
que hacer remarcar una circunstancia más que, por desgracia, en los últimos
tiempos no se lleva a la práctica de forma suficientemente rigurosa. El
investigador debe distinguir con claridad, por un lado, los propios hechos y sus
observaciones, por otro, las conclusiones teóricas y generales. Tanto en
el resumen de la labor práctica desarrollada en el terreno, como en el
informe definitivo, el investigador debe diferenciar netamente estos dos aspectos,
para que cada cual pueda ver y comprender dónde termina el material basado
en la observación de hechos reales y dónde comienzan las concepciones
lógicas y teóricas elaboradas por el autor. Es preciso poner en
guardia a los jóvenes investigadores para que no caigan en este error y
no coloquen en segundo plano el material real y concreto y se entusiasmen con
conclusiones teóricas, pues en este caso dichas conclusiones quedan como
en el aire.
He aquí por qué hay que remarcar con especial insistencia
la necesidad de la observación escrupulosa y precisa de los propios fenómenos
de la naturaleza.
Durante su trabajo en el campo, el investigador debe anotar
todas las menudencias que le salten a la vista. Debe convertir su libro de notas
en un diario que registre de forma constante sus propias ideas y observaciones,
y, sólo de este modo, conseguirá llegar a conclusiones y decisiones
correctas y acertadas. Hay que hacer una distinción clara y terminante
en lo que se refiere al carácter de los trabajos y de las anotaciones en
el primer año que se visita un yacimiento o una región y en los
años siguientes. Durante la primera visita es preciso dedicarse con especial
atención a reunir materiales basados exclusivamente en hechos reales; durante
la segunda, por lo general, surge la necesidad de comprobar la hipótesis
de trabajo sugerida; por fin, durante la tercera visita se perfilan y se ponen
en claro los problemas de carácter general y, como regla, este tercer año
es el que aporta nuevos descubrimientos y marca el camino exacto a seguir en las
búsquedas. Es posible que el acortamiento de estos plazos dependa de la
experiencia personal de cada investigador y de la forma como fue estudiada, al
iniciar él sus trabajos, la región o el yacimiento en cuestión
desde el punto de vista mineralógico y geológico.
![]() | La
deducción de conclusiones definitivas puede acelerarse considerablemente
si se realizan (al mismo tiempo que se llevan a cabo las investigaciones sobre
el terreno) determinaciones preliminares de los minerales y rocas halladas. Los
laboratorios geoquímicos portátiles y la posibilidad de enviar los
ejemplares, durante los trabajos en el campo, a laboratorios cercanos para determinar
su composición cualitativa, facilitan en alto grado la marcha de las investigaciones
y permite llegar con más rapidez a las conclusiones definitivas. Como pueden ver ustedes el registro de las observaciones y la documentación geoquímica y mineralógica constituyen una tarea muy seria e importante. |